Lo cierto es que me haces falta. Y así decidí que era la mejor forma de decirlo, sin dar demasiadas vueltas para decir simplemente eso. Sé bien que son no más que un par de palabras pero tan difíciles de decir (te).
Al instante me arrepentí, empecé a replantearme si tenía sentido, es decir no son palabras que carezcan de significado pero después de todo, ¿no es algo muy subjetivo acaso? Digo, quizás crea que esté diciendo mucho y vos lo tomes cómo palabras vacías. O quizás, simplemente quizás, te resulte una obviedad. Y sé bien que ahí radica mi temor. Si lo tomaras como algo poco novedoso, yo lo tomaría cómo algo que siempre supiste y nunca te importó. No, no podría soportarlo. O puede que te tome por sorpresa, desprevenidamente y te quedés junto a mí con los ojos anchos, bien redondos como dos platos. Y también y para mi fortuna pueda encontrarme con esa escena en la cual me percato de que es posible que estuviéramos sintiendo lo mismo aún habiendo estado tan distantes.
Entonces concluyo que no estuvo tan mal haberlo dicho.
Falta, me haces falta. ¿Sabés lo que eso quiere decir? Implica que hay un lugar dentro de mí que se siente desamparado. O mejor dicho no es sólo un lugar, soy toda yo que no sé a donde ir. Me siento así, como alguien que ha olvidado el camino de regreso a casa. Me ha costado tanto enderezarme, vengo ensayando sobre la idea de que ya no quiero que me hagas falta, ya no quiero sentir que algo me falta otra vez. Es absurdo (soy absurda) porque bien se que es parte de todo, encontrarse y perderse una y otra vez pero aún así no le encuentro sentido a las leyes que rigen el universo del amor. Me duele confiar y sé bien que si volviera a confiar ya no sentiría ese desamparo, encontraría esas luces que se encienden y te guían hacia tu hogar. Pero no puedo ofrecer (te) nuevos espacios porque aborrezco el saber que dar un lugar es una ecuación matemática en donde la única resolución es una que te alerta que algún día podría estar vacío.
Y otra vez tendría que empezar, contando los pasos que das sólo para asegurarme lo lejos que estás de mí. Que ya eres parte de mi pasado y que sólo podría contarte que lo cierto es que me haces falta y mientras cruzaría los dedos sólo porque no fuera una obviedad o una sorpresa, sino simplemente un puente – sentimentalmente hablando – que desenlazaría un “yo también te necesito”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario