
Se siente sacudida, perturbada, invadida. Es una invasión distinta, es su propia invasión. Es su yo tratando de marcar territorio, su media Verónica quejándose, es su enemiga más íntima tratando de derribar su estabilidad, su único refugio o quizás el fondo de sus entrañas pidiéndole a gritos encontrar un lugar en donde sentirse parte.
No sabe que busca pero lo busca igual y si le preguntan si tiene planes para su futuro, sonreiría y contestaría “si pero no”, tiene sed de agua pero el agua no está cerca o quizás, como tantas veces, esté frente a su nariz y sea demasiado obstinada como para percibirlo. Da manotazos al aire y siente que no alberga nada y al cabo de unas horas – generalmente por las noches – repasa el inventario de las cosas que ha aprehendido de un tiempo a esta parte. Es algo tosca pero lo aparenta bien, es más bien algo interno, gracioso si se pensara en su coquetería, siempre lleva rubor en las mejillas. Disfruta de su elocuencia y sin embargo se pelea con la almohada por ser de esas personas que nunca supieron hablar cortito. Diría que es vulnerable y lo detesta, lo ve como un símbolo de debilidad y se cree lo suficientemente débil aunque de momento es consciente de todas las montañas que ha escalado, de lo pesada que ha sido la mochila y aún a falta de aire y presión, supo seguir y seguir, jamás podría detenerse.
Es tan maníaca, autoexigente, competitiva. No compite contra el mundo, ha cometido el error de competir contra ella misma. No soportaría fracasar y quizás por eso no sabe a donde va, que quiere, que está buscando, es tan intolerante a la frustración que no podría trazarse una meta, ¿ves? Es la vía directa a la posibilidad de ruina.
Perseverante, nada podría condicionarla a dejar de intentar y hoy, contradictoriamente, llora en silencio por la mustia conmoción de saber que nada es para siempre. Le es tan difícil, es tan dramática, extremada, todo es para ella mucho mas grave de lo que en realidad es o debería parecerle, todo lo sufre, lo padece, lo desgasta. Le cuesta entregarse y sin embargo se aferra tanto a todo, quiere tan rápido, siente tan profundo.
Es de aquellas personas que se preguntan, ¿por qué sin tan mal nos hace no podemos dejarlo ir? Debe ser la búsqueda de afecto, la ausencia impregnada en su alma, el amor como bandera o la foto de la soledad asomándose en su billetera. Es tan fiel, tan ingeniosa y de una gran imaginación, tiene aprecio por las cosas realmente simples y podría conmoverse con sólo observar un atardecer a orillas del mar o pasar pocos segundos en un fuerte abrazo con una amiga o un amigo lejano que añoraba encontrar. Es independiente pero dependiente, tarda en entender que nada es imprescindible y es que adora sentirse en equipo. Tiene devoción por comunicar la vida como un gran cuento y narrar elegantemente hasta el acontecimiento más insólito y en oposición a ello, a veces se siente desconectada, incomunicada por no poder expresarse.
Es tan rígida y tan frágil a la vez, tan moral que jamás soportaría la mentira o la traición y aunque no es bueno vivir pendiente del pasado, nunca olvidaría lo que fue, lo que fuimos aún cuando esto no se parezca en nada a lo que soy, a lo que somos.Mezcla de pudorosa con reprimida, de analítica con empirista. Amalgama entre lo más sentido y lo que se “debe de”. Algo irritante, algo irritable, poco sumisa y a la vez tan influenciable, tan fácil de persuadir, de incomodar y tan impenetrable también. No podría agotar las fuerzas de querer, no obstante cuando se acaban, el bloqueo la vuelve inalcanzable, fría y es curioso porque aborrece lo crudo, lo que carece de amor, de sentimientos.
Es sólo una chica y como toda mujer la amarra la ciclotimia, lo histérico, la indecisión aún cuando a veces es varonil y práctica. Adora reírse a carcajadas y hacer reír a los demás, no cree que haya algo más emocionante que la adrenalina de sentir que estamos llorando de felicidad, que estamos disfrutando realmente ese momento. Si tuviese que ser un animal, sería una mariposa, quiere aprender a valorar cada día de vida como si fuese el último.