viernes, 27 de noviembre de 2009

Agua, cómo te deseo.


Por supuesto que no pretendía ser la misma tipa de antes, pero si extrañaba aquella fuerza que tenía. Aquella tipa repleta de alegría, a la que le salían todas, sólo quizá porque no le importaba de verdad ninguna. Por entonces desplegaba vigor, tenía una sed frenética y el mundo, para ella, era una tema inagotable, estaba todo hecho agua. Ahora, no obstante, conservaba el mismo desinterés por la mayoría de las cosas, aunque su indiferencia era ya más elaborada, distinta, pero servía, con seguridad, para rescatarla. Sin embargo había perdido por el camino muchas fuerzas, se le había ido mitigando aquella mitificada sed y, para colmo, cada día encontraba menos agua.

domingo, 22 de noviembre de 2009

XI


Esa noche no había podido dormir, daba vueltas insaciablemente entre las sábanas. Estaba intranquila, sabía que habitaba en mí algo que ya no podía callar, que necesitaba gritar. Que necesitaba gritarte. Admito que los ojos me pesaban pero aún así no lograba conciliar el sueño, me abrazaba a la almohada en una suerte de desazón y desencanto por mi propia vida que se reflejaba en los latidos cada vez más lentos y dejaba de ser sensación, sentimiento, cada vez que sentía una inoportuna (oportuna) lágrima correr por mis mejillas rosadas. Estaba incomoda, no encontraba posición en la que mi cuerpo se hallase relajado y bien sabía que no era él el culpable, todo adentro mío estaba turbio. Esa foto en la primera hoja y tantos por qué, ese enojo casi inhumano con la vida misma que siempre había estado, esa mezcla de angustia y esas ganas de tenerte delante para confesarte cuánto tiempo te había soñado, tal cual y como eres. Entre el empaño de mis ojos oscuros no podía evitar dirigirme hacia los tuyos tan verdes, con tanto fulgor y preguntarte si algún día, por algún motivo o sin ninguna excusa, por curiosidad o simplemente porque sí, habrías de venir a buscarme y desahogar así esa traba en el centro de mi pecho, esas palabras que nunca te pude decir. En silencio la habitación parecía más grande, en soledad siempre me siento pequeña y quizás empiezo a temer hasta de mi propia sombra y aún así tú imagen está conmigo en todas partes, pero no logra hacerme sentir que estás. Miraba esa foto, no podía evitarlo. Sí, quizás sea por masoquismo pero también por amor, por el inmenso deseo insatisfecho de tenerte cerca y verte sonreír como en esa fotografía. Verte sonreír para mí y preguntarte donde habías estado toda mi vida y gritarte todas esas palabras sueltas y con un sentido absoluto que descansan (“descansan”) en mi marchito cuerpo. Bostezo, desgano y ya tanto me pesaban los párpados que para cuando quise recordarme, me encontré parada en una calle desierta. Yo no estaba acá, ¿Cómo llegué? ¿Por qué estás ahí? Me congelé, ahora que tenía tú figura ante mis ojos tenía que gritarte lo que siento y sonreíste casi despreocupado y a la vez tus ojos se llenaron de felicidad. Eras feliz, estabas feliz de verme y yo solté mis miedos y corrí desesperadamente hacia tus brazos. Te miré de cerca, muy de cerca y aspiré con muchísima intensidad tú perfume (quería guardarlo para siempre) y me apretaste fuerte contra tu pecho y yo sentía tú sudor frío, tus miedos y tus ganas mezcladas en tú piel. Me recostaste sobre vos mientras posabas tan sólo uno de tus dedos sobre mis labios y yo era dichosa por el simple hecho de que fueses mío. Y entonces te dije:- Sé que soy un tanto amateur, que me falta mucho que aprender, que todavía tengo que crecer. Vos también, lo sabés. Quería saber si podías mostrarme el camino, si podrías tomarme de manos y enseñarme todas las cosas que aún no aprendí. Sí existía la posibilidad de amanecer sintiéndote respirar mi nuca. Si podrías venir a llenar este inmenso espacio vacío.

(uno de mis preferidos)


una vez más para entender porqué lo hicimos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Un paso al costado


Quién hubiese anticipado que alguna vez estaría como hoy a paso ligero y fatigada de tanto correr para alcanzarte. ¿Quién? A veces quisiera que solo alguien pudiese responder esta inocente pregunta. ¿Quién sabía que no fue capaz de prevenirme de este sentimiento? Que no pudo adelantarme en el tiempo para mostrarme el futuro y guiarme por el otro sendero, ese que debería haber escogido.
¿Sabés? A veces pienso y repienso como es que nos han puesto a vivir bajo el mismo cielo, como es que nos han llevado a patear por la misma vereda. ¿Cómo es posible que si han planeado nuestro encuentro estemos tan desencontrados?
Este amague de amor, esta mezcla de historia de pasión eterna con una que nunca existió. El tiempo no ha podido descifrar si has sido mi nada o mi todo, el tiempo no ha podido escoger, no le tengo rencor y es que deberíamos haberlo hecho nosotros.
Hoy me decido, me ha tomado la vida entera pero me he armado de valor. Hoy decidí dejar de correr para intentarlo por tomarte de una buena vez por todas. Hoy tomé mis ropas, mis canciones y mis sueños y atravesé la ciudad entera con esta dulce amargura en mi corazón para contarte, para pedirte que cuentes conmigo, para explicarte que no debes de seguir buscando porque todo el amor que podrían darte está albergado aquí, aquí frente a tus ojos. Y llegué con el alma a medio ser para irme con el alma destrozada, con un manojo de sensaciones con dueño pero sin él. Con la duda que se ha hecho certeza, este camino nos ha unido para separarnos. No estabas ahí para que pudiera decirte, estabas ahí a donde no puedo llegar. Sentado con la cabeza entre las piernas y la mirada gacha con el corazón roto sin lugar para que mis ganas lo reparen. ¡Mis ganas que se mueren de ganas!
Y aunque he llegado a tiempo me temo que me ha tomado la vida entera armarme de valor para encontrar las palabras justas, la seguridad pero no ha sido suficiente pues me tomará el resto de mi vida y mis próximas vidas, lo sé, convencerme de que a quien amas debes dejar ir, debes de hacer feliz dejando que alguien más lo haga por vos.
¿Quién sabía que no me dijo que iba a doler tanto tener que dar el paso más pesado de mi vida? Un paso al costado. Un inmenso paso al costado.

viernes, 6 de noviembre de 2009


Acá estoy, no me ves. Yo también te estoy buscando como vos, con tranquilidad, sin desesperar pero pasan las primaveras y los otoños (Que es peor). Con el frío me gusta más dormir de a dos.
Y no se cruzan nuestros caminos y me pregunto si alguna vez terminará esta solitaria recorrida. Hoy estoy un poco triste porque me dio por pensar si no habrá algo de mí o algo de vos que no nos deja darnos cuenta que estamos muy cerca en realidad.
Llego a casa, siempre es igual, no tengo mucho que contar. No me interesan las noticias ni tengo ganas de hablar. Vos me entendés seguramente, tampoco te gusta la gente que habla, no escucha y miente para conseguir lo que pretende.
Cómo quisiera que ya sucediera del modo perfecto todo ideal, como tiene que pasar y que el mundo se detenga en el mejor lugar. Todo el tiempo veo lugares y momentos que podríamos disfrutar, tengo ganas de mostrarte mis rincones favoritos y prestarte películas y libros, que te pruebes mi ropa y me cuentes vida y obra. Todo, todo.
No me interesa perder el tiempo en amores pasajeros imposibles o sin futuro duradero. Estoy reservándome para vos, quiero que lo sepas mi amor. No me interesa nadie más, no importa si no lo entienden los demás. Yo prefiero pasar de situaciones en las que otros quisieran estar. Y si estás ahora mismo escuchando y si te pasa algo parecido y hoy te despertaste un poco mal, la espera se prolonga un poco más.
Quiero que sepas que el día va a llegar y cuando llegue será tan natural que no habrá nada que aclarar, sólo mirarnos, sonreír y empezar.

martes, 3 de noviembre de 2009

Todo es imperfecto amor y obvio.


Así es como funciona después de todo, te enredás, me enredé y ahora encuentro millones de motivos estúpidos - quizás más que inconcistentes- para creer que eres, del mundo el entero, la única persona indicada para mí. Puede que esos mismos motivos que me unen sean aquellos que me separen de tí, puede que hoy esté lo suficientemente fascinada para verlo, pero sé bien que en los pocos momentos - esos que titulo de ludicez - esos que llegan cuando el viento de la briza porteña me da de frente y choca contra mis mejillas, esos que se avecinan cada vez que releo la página del libro que más me recuerda a tí, esos que irrumpen en cuanto me detengo a observarte y puedo verte a millas mí, despreocupado y tan hermoso, tan inalcanzable. Es en esos pocos, tan frágiles momentos, en los que sé que son miles de motivos, sí. Son mil doscientas razones para creer que eres del mundo entero la persona indicada para mí pero sé bien que ninguno de ellos te hace mío - aunque me gusta creer que en el punto más mínimo dependes de mí - por eso siempre vuelves. Son inumerables razones y son las mismas que me hacen verte en el horizonte, diferente, cautivador e impenetrable y las mismas que me hacen sentir que jamás llegaré aunque ya estoy muy dentro tuyo.

domingo, 1 de noviembre de 2009

La envidia de tantos mares


Tendidos, de frente al cielo, yacíamos uno junto al otro. Fotografié ese instante,
en el que tu mano húmeda y llena de inseguridad se aferraba a la mía, yo también
temía, yo también ansiaba encontrarme con tú lado inconcluso. Alrededor golpeaban
sobre los charcos, una y otra vez, los diminutos copos de nieve, aún cuando el frío
del anochecer teñía de morado tus labios podía sentir la más plena calidez deslizarse
por mis huesos, el calor de tú cuerpo penetraba en el mío, la profundidad de tú mirar
entibiaba mi alma. Sobre la llanura se desvanecía el anaranjado del cielo, y poco a poco
el manto empezaba a poblarse de estrellas, recorría tu rostro con la punta de mis dedos,
primero me posaba sobre tu frente y lentamente llegaba hasta tú mentón, podía hacerlo
las misma cantidad de veces cual estrellas nacían, dibujar una y otra vez sobre tú piel,
eso me mantenía viva. Nos contorneaba el galopar de los caballos del silencio, quienes furiosos y arrebatadores se llevaban consigo toda clase de emociones para dar lugar a otras totalmente nuevas, te cobijaba contra mí con el afán de protegerte de todo mal. Deslumbrados por el espectáculo jurábamos que volveríamos cada anochecer para acalorar nuestras narices frías, mientras tanto aún podía sentir tú mano húmeda junto a la mía, insistente y atrevida había perdido toda su inseguridad, así como se había perdido el galopar de los caballos, pues habíamos dado lugar al más bello de los ruidos entre todos los silencios: el amor.

¡La puta que vale la pena estar vivo!


Quizás sólo se trate de cerrar realmente los ojos, no tentarse a espiar ni dejarse seducir por las ganas, simplemente estar y en verdad estarlo. Quiero decir, sentir la brisa de ese atardecer anaranjado mezcla de violáceo y ese aroma a rocío o aquél que sólo llega después de fuertes tormentas, ¡cómo me agrada el olor a pasto mojado! Y escuchar a los pájaros cantar, detenernos en cada una de las notas y aún cuando no sepamos un pito de música asegurar que no hay mejor solfeo que hayamos percatado.
Sería como ver en vez de mirar o como escuchar y no simplemente oír, como una mirada que reemplaza a cualquier palabra, como el apriete de ese abrazo confortable que sólo una persona de las billones del mundo nos sabe dar. Como ir caminando y no diferenciar si es que flotamos o nos sentimos livianos, como llegar a preguntarnos si las nubes se han acercado al suelo o en realidad el cielo no estaba tan lejos como pensábamos. Sentiría que no hay un solo lugar de mi cuerpo que guarde esa niña en mí porque entendería que no sé es más que un niño eterno y que el secreto para disfrutar de la vida no va más allá de no perderlo y sonreiría hasta reírme a carcajadas, ya no temería hacerlo, no precisaría un solo motivo más. NO necesitamos de uno, el único pretexto que puede justificarnos es el de vivir.
Aprendería que los silencios hacen más ruido que mil trenes galopando una vía y el aire correría entre mis dedos mucho más intenso que el que se siente cuando nos paramos de frente al río y aprehendería el vaivén de cada ola. Sería tan magnífico como una caminata a orillas del mar, tan alucinante como llorar de felicidad o tan placentero como una charla profunda un domingo a la tarde con tus mejores amigas.
Tal vez… ¿por qué no? Solo se trate de buscar sin objetivos o de valorar lo que realmente vale y resguardar cada buen momento sin catalogar a ninguno como malo, después de cada tormenta sale el más radiante sol. Lo comprobé. Y vivir sabiendo que los sueños jamás podrían perderse, cuando se van – y quizás sin saberlo- es que ya han sido cumplidos, solo esperan sorprendernos en cada instante en que nos propongamos volar y animarnos a despegar nuestros pies del suelo. Tenemos alas para volar, ¡volemos!

Oía sus pasos


Oía sus pasos, otra vez ese peculiar sonido, ese que puedo reconocer a kilómetros de distancia sin la lógica necesidad de tenerte de frente. Yo siempre sé cuando has de venir, te conozco lo suficiente como para olfatear tú llegada, te sé tan de memoria que no necesito que lo anuncies, yo siempre – de ante mano- sabré que te has acercado a mí.
He intentado no aprenderte y sin embargo te he estudiado como la más fiel de mis pasiones, podría hacer un inventario de ti y repetirlo sin patinarme ni una vez en el relato. ¡Jamás me había sentido así! Ni yo misma puedo entender toda esta clase de sensaciones que me has provocado desde aquel instante en el que te vi.
Por mucho que me esfuerce jamás puedo tomarte de manos (no como yo quisiera) y es que quisiera que tú te aferraras a mí – en ese apretón de manos- que parece llevarte directo al cielo, quisiera que tú sintieras que no hay nada más placentero que llevarme contigo, quisiera que compartiéramos ese humilde cosquilleo.
Pero desde aquel momento, el momento en que te vi, has retrocedido y has ahuyentado a mi amor. No han importando las astucias ni las demostraciones, toda clase de situaciones te han dejado perplejo ante la seguridad de mis “te amo” y así y todo no nos hemos encontrado jamás. ¿Por qué te escondes así? ¿Qué es lo que tan mal he hecho? Sé bien que todo lo que sea abstracto como el sentir ha de ser espontáneo y probablemente ha sido una cuestión de piel, yo no podría ser la protagonista de tus cuentos de amor.
Y duele, me hiere oír tus pasos tan cerca de mí. Te he esperado con tanto entusiasmo que no aceptaría tú llegada si no fuera para quedarse. Y duele, me hiere oír tus pasos. No, no quiero sonar reiterativa pero es que tú no has dejado de revolotear cerca de mí, ¿Por qué no puedes simplemente dejar de pasar y decidirte a quedarte cerca mío? ¿Por qué no puedes decidir si lo que quieres es tenerme o dejarme ir?
Todas estas noches sólo has sobrevolado mis rincones de “paz”, sólo te has dado una vuelta pero jamás te has postrado con el afán de hacerme bienvenida. Y aunque niegues que te hayas acercado, deberías recordar que yo puedo oír tus pasos. Y que duele, me hiere el poder hacerlo de una forma tan acertada, odio esta forma inconsciente de amarte lo suficiente como para conocerte de una manera – que yo sé- nadie más lo hará, podrías reflejarte en mí y no lo distinguirías, yo te he aprendido de memoria. En verdad ha sido así.
Y duele, me hiere oír tus pasos, porque nunca tengo la certeza de que tus pasos nómades dejen de serlo, porque nunca he entendido con que fin me buscas de la forma en que lo haces, porque nunca me has tomado de manos de esa forma especial, simplemente me has sujetado a ti y cuando intento ir…tú siempre vuelves, y yo puedo oír tus pasos cerca de mí. Sé que quieres quedarte, has perseverado lo suficiente como para demostrarlo, ármate de valor y rindámosle culto a lo que alguna vez nos lastimó, hagamos de esta serie la mejor de las novelas y apacigüemos la angustia que nos provoca oír nuestros pasos tan cerca y sabernos tan distantes a la vez. Bastará con tomarte de manos de esa forma especial, entenderás que todo es posible.

Nosotros también.

Sí pero no


Se siente sacudida, perturbada, invadida. Es una invasión distinta, es su propia invasión. Es su yo tratando de marcar territorio, su media Verónica quejándose, es su enemiga más íntima tratando de derribar su estabilidad, su único refugio o quizás el fondo de sus entrañas pidiéndole a gritos encontrar un lugar en donde sentirse parte.
No sabe que busca pero lo busca igual y si le preguntan si tiene planes para su futuro, sonreiría y contestaría “si pero no”, tiene sed de agua pero el agua no está cerca o quizás, como tantas veces, esté frente a su nariz y sea demasiado obstinada como para percibirlo. Da manotazos al aire y siente que no alberga nada y al cabo de unas horas – generalmente por las noches – repasa el inventario de las cosas que ha aprehendido de un tiempo a esta parte. Es algo tosca pero lo aparenta bien, es más bien algo interno, gracioso si se pensara en su coquetería, siempre lleva rubor en las mejillas. Disfruta de su elocuencia y sin embargo se pelea con la almohada por ser de esas personas que nunca supieron hablar cortito. Diría que es vulnerable y lo detesta, lo ve como un símbolo de debilidad y se cree lo suficientemente débil aunque de momento es consciente de todas las montañas que ha escalado, de lo pesada que ha sido la mochila y aún a falta de aire y presión, supo seguir y seguir, jamás podría detenerse.
Es tan maníaca, autoexigente, competitiva. No compite contra el mundo, ha cometido el error de competir contra ella misma. No soportaría fracasar y quizás por eso no sabe a donde va, que quiere, que está buscando, es tan intolerante a la frustración que no podría trazarse una meta, ¿ves? Es la vía directa a la posibilidad de ruina.
Perseverante, nada podría condicionarla a dejar de intentar y hoy, contradictoriamente, llora en silencio por la mustia conmoción de saber que nada es para siempre. Le es tan difícil, es tan dramática, extremada, todo es para ella mucho mas grave de lo que en realidad es o debería parecerle, todo lo sufre, lo padece, lo desgasta. Le cuesta entregarse y sin embargo se aferra tanto a todo, quiere tan rápido, siente tan profundo.
Es de aquellas personas que se preguntan, ¿por qué sin tan mal nos hace no podemos dejarlo ir? Debe ser la búsqueda de afecto, la ausencia impregnada en su alma, el amor como bandera o la foto de la soledad asomándose en su billetera. Es tan fiel, tan ingeniosa y de una gran imaginación, tiene aprecio por las cosas realmente simples y podría conmoverse con sólo observar un atardecer a orillas del mar o pasar pocos segundos en un fuerte abrazo con una amiga o un amigo lejano que añoraba encontrar. Es independiente pero dependiente, tarda en entender que nada es imprescindible y es que adora sentirse en equipo. Tiene devoción por comunicar la vida como un gran cuento y narrar elegantemente hasta el acontecimiento más insólito y en oposición a ello, a veces se siente desconectada, incomunicada por no poder expresarse.
Es tan rígida y tan frágil a la vez, tan moral que jamás soportaría la mentira o la traición y aunque no es bueno vivir pendiente del pasado, nunca olvidaría lo que fue, lo que fuimos aún cuando esto no se parezca en nada a lo que soy, a lo que somos.Mezcla de pudorosa con reprimida, de analítica con empirista. Amalgama entre lo más sentido y lo que se “debe de”. Algo irritante, algo irritable, poco sumisa y a la vez tan influenciable, tan fácil de persuadir, de incomodar y tan impenetrable también. No podría agotar las fuerzas de querer, no obstante cuando se acaban, el bloqueo la vuelve inalcanzable, fría y es curioso porque aborrece lo crudo, lo que carece de amor, de sentimientos.
Es sólo una chica y como toda mujer la amarra la ciclotimia, lo histérico, la indecisión aún cuando a veces es varonil y práctica. Adora reírse a carcajadas y hacer reír a los demás, no cree que haya algo más emocionante que la adrenalina de sentir que estamos llorando de felicidad, que estamos disfrutando realmente ese momento. Si tuviese que ser un animal, sería una mariposa, quiere aprender a valorar cada día de vida como si fuese el último.