
Oía sus pasos, otra vez ese peculiar sonido, ese que puedo reconocer a kilómetros de distancia sin la lógica necesidad de tenerte de frente. Yo siempre sé cuando has de venir, te conozco lo suficiente como para olfatear tú llegada, te sé tan de memoria que no necesito que lo anuncies, yo siempre – de ante mano- sabré que te has acercado a mí.
He intentado no aprenderte y sin embargo te he estudiado como la más fiel de mis pasiones, podría hacer un inventario de ti y repetirlo sin patinarme ni una vez en el relato. ¡Jamás me había sentido así! Ni yo misma puedo entender toda esta clase de sensaciones que me has provocado desde aquel instante en el que te vi.
Por mucho que me esfuerce jamás puedo tomarte de manos (no como yo quisiera) y es que quisiera que tú te aferraras a mí – en ese apretón de manos- que parece llevarte directo al cielo, quisiera que tú sintieras que no hay nada más placentero que llevarme contigo, quisiera que compartiéramos ese humilde cosquilleo.
Pero desde aquel momento, el momento en que te vi, has retrocedido y has ahuyentado a mi amor. No han importando las astucias ni las demostraciones, toda clase de situaciones te han dejado perplejo ante la seguridad de mis “te amo” y así y todo no nos hemos encontrado jamás. ¿Por qué te escondes así? ¿Qué es lo que tan mal he hecho? Sé bien que todo lo que sea abstracto como el sentir ha de ser espontáneo y probablemente ha sido una cuestión de piel, yo no podría ser la protagonista de tus cuentos de amor.
Y duele, me hiere oír tus pasos tan cerca de mí. Te he esperado con tanto entusiasmo que no aceptaría tú llegada si no fuera para quedarse. Y duele, me hiere oír tus pasos. No, no quiero sonar reiterativa pero es que tú no has dejado de revolotear cerca de mí, ¿Por qué no puedes simplemente dejar de pasar y decidirte a quedarte cerca mío? ¿Por qué no puedes decidir si lo que quieres es tenerme o dejarme ir?
Todas estas noches sólo has sobrevolado mis rincones de “paz”, sólo te has dado una vuelta pero jamás te has postrado con el afán de hacerme bienvenida. Y aunque niegues que te hayas acercado, deberías recordar que yo puedo oír tus pasos. Y que duele, me hiere el poder hacerlo de una forma tan acertada, odio esta forma inconsciente de amarte lo suficiente como para conocerte de una manera – que yo sé- nadie más lo hará, podrías reflejarte en mí y no lo distinguirías, yo te he aprendido de memoria. En verdad ha sido así.
Y duele, me hiere oír tus pasos, porque nunca tengo la certeza de que tus pasos nómades dejen de serlo, porque nunca he entendido con que fin me buscas de la forma en que lo haces, porque nunca me has tomado de manos de esa forma especial, simplemente me has sujetado a ti y cuando intento ir…tú siempre vuelves, y yo puedo oír tus pasos cerca de mí. Sé que quieres quedarte, has perseverado lo suficiente como para demostrarlo, ármate de valor y rindámosle culto a lo que alguna vez nos lastimó, hagamos de esta serie la mejor de las novelas y apacigüemos la angustia que nos provoca oír nuestros pasos tan cerca y sabernos tan distantes a la vez. Bastará con tomarte de manos de esa forma especial, entenderás que todo es posible.
Nosotros también.

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