
Así es como funciona después de todo, te enredás, me enredé y ahora encuentro millones de motivos estúpidos - quizás más que inconcistentes- para creer que eres, del mundo el entero, la única persona indicada para mí. Puede que esos mismos motivos que me unen sean aquellos que me separen de tí, puede que hoy esté lo suficientemente fascinada para verlo, pero sé bien que en los pocos momentos - esos que titulo de ludicez - esos que llegan cuando el viento de la briza porteña me da de frente y choca contra mis mejillas, esos que se avecinan cada vez que releo la página del libro que más me recuerda a tí, esos que irrumpen en cuanto me detengo a observarte y puedo verte a millas mí, despreocupado y tan hermoso, tan inalcanzable. Es en esos pocos, tan frágiles momentos, en los que sé que son miles de motivos, sí. Son mil doscientas razones para creer que eres del mundo entero la persona indicada para mí pero sé bien que ninguno de ellos te hace mío - aunque me gusta creer que en el punto más mínimo dependes de mí - por eso siempre vuelves. Son inumerables razones y son las mismas que me hacen verte en el horizonte, diferente, cautivador e impenetrable y las mismas que me hacen sentir que jamás llegaré aunque ya estoy muy dentro tuyo.

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