
Quizás sólo se trate de cerrar realmente los ojos, no tentarse a espiar ni dejarse seducir por las ganas, simplemente estar y en verdad estarlo. Quiero decir, sentir la brisa de ese atardecer anaranjado mezcla de violáceo y ese aroma a rocío o aquél que sólo llega después de fuertes tormentas, ¡cómo me agrada el olor a pasto mojado! Y escuchar a los pájaros cantar, detenernos en cada una de las notas y aún cuando no sepamos un pito de música asegurar que no hay mejor solfeo que hayamos percatado.
Sería como ver en vez de mirar o como escuchar y no simplemente oír, como una mirada que reemplaza a cualquier palabra, como el apriete de ese abrazo confortable que sólo una persona de las billones del mundo nos sabe dar. Como ir caminando y no diferenciar si es que flotamos o nos sentimos livianos, como llegar a preguntarnos si las nubes se han acercado al suelo o en realidad el cielo no estaba tan lejos como pensábamos. Sentiría que no hay un solo lugar de mi cuerpo que guarde esa niña en mí porque entendería que no sé es más que un niño eterno y que el secreto para disfrutar de la vida no va más allá de no perderlo y sonreiría hasta reírme a carcajadas, ya no temería hacerlo, no precisaría un solo motivo más. NO necesitamos de uno, el único pretexto que puede justificarnos es el de vivir.
Aprendería que los silencios hacen más ruido que mil trenes galopando una vía y el aire correría entre mis dedos mucho más intenso que el que se siente cuando nos paramos de frente al río y aprehendería el vaivén de cada ola. Sería tan magnífico como una caminata a orillas del mar, tan alucinante como llorar de felicidad o tan placentero como una charla profunda un domingo a la tarde con tus mejores amigas.
Tal vez… ¿por qué no? Solo se trate de buscar sin objetivos o de valorar lo que realmente vale y resguardar cada buen momento sin catalogar a ninguno como malo, después de cada tormenta sale el más radiante sol. Lo comprobé. Y vivir sabiendo que los sueños jamás podrían perderse, cuando se van – y quizás sin saberlo- es que ya han sido cumplidos, solo esperan sorprendernos en cada instante en que nos propongamos volar y animarnos a despegar nuestros pies del suelo. Tenemos alas para volar, ¡volemos!

No hay comentarios:
Publicar un comentario